Era una mañana soleada en la ciudad Chubutense de Pto.
Madryn y como cada día me asomaba apresurado a ver el mar, y comprobar si el clima me
permitiría practicar mi deporte favorito, el buceo.
El mar no estaba planchado, pero tampoco muy picado, había un viento de aproximadamente 30 km por
hora que para los locales, es solo una
brisa.
Me despedí de mi esposa y mis hijos hasta el mediodía y me subí
al auto en busca de mi amigo Mariano,
nativo del lugar, que ejerce mi deporte favorito como trabajo
profesional desde muy joven.
Es así como cada mañana lo acompaño y lo miro trabajar,
suena raro no, pero si lo extrapolamos seria como si Picasso te dijera, voy a
pintar un cuadro mientras me vas abriendo los pomos de oleo, o si Vilas va a
entrenar y te dice, dale acompáñame y en los intervalos nos tomamos unos mates
!!! Realmente me sentía un privilegiado.
Para mi, verlo trabajar bajo el agua era toda una
fascinación y cada día descubría un nuevo mundo no solo submarino sino también
el de los buques de pesca, el del puerto y su gente, en síntesis el del mar por encima y por debajo de su nivel.
Mariano me estaba esperando como siempre con algún dicho gauchesco
pero marítimo.
--“Vamos a ver si aguantas la calor con saco”, tengo que ir
a limpiar unas rejillas de un barco que esta
amarrado en el Muelle Piedrabuena,( mas conocido como el muelle de Aluar),
que sí, o si tiene que salir hoy a la tarde, está un poco movida la superficie pero no está
imposible, después (como premio para mi por acompañarlo pensaba
yo) nos quedamos a basurear un rato en el muelle, te animas ?
Yo nunca le decía que no,
ya que el vivia casi abajo del agua así que confiaba plenamente en el y
en su experiencia de tantos años.
Basurear le llamaba a recorrer los muelles, y buscar entre las cosas que se les caen a los
buques que están amarrados a dicho muelle, cargando víveres para sus
tripulantes.
Se pueden encontrar, palas ( con las que cargan el hielo en
los barcos factoría), celulares, botas de goma, pocillos de café, picos de mangueras,
guantes de hilo tejidos, a montones y de
color amarillo, y muchas cosas más que son irrecuperables para los damnificados,
ya que una vez que tocan la superficie del agua se van al fondo y por el agua misma o por la profundidad ,
aproximadamente 20 metros (3 atmosferas de presión) todo se destruía, y se
transformaba en nuestro futuro tesoro marítimo.
Como siempre Mariano iba a delante mío y cada tanto sin darse vuelta, agachaba su cabeza entre las
piernas y miraba para atrás, para ver donde andaba , esa era una maniobra muy
suya que a ningún otro buzo se la vi hacer.
Ya había terminado su trabajo de limpiar la rejilla de entrada de agua del
buque, mi tarea consistió en esta ocasión, en sostenerle los tornillos que iba sacando, mientras me golpeaba la cabeza contra el casco del
barco, debido a la marejada, una y otra
vez.
El me miraba y se reía, disfrutaba de ese momento, ya que después fuera del agua iba a aprovechar
para decirme , cosas como “Sos un buzo
de pileta “.
Por suerte llevaba
puesto el casco de neoprene que me amortiguaba los golpes, pero igual los sentía.
Es que no era fácil estar bajo el agua a 15 metros de profundidad bajo el caso de un barco, era como bucear
debajo de un gran techo de chapa.
Mantener la flotabilidad perfecta en medio de esa marejada, y sin golpearse no era sencillo, pero igual
para mi era la gloria con golpes y todo, una experiencia inigualable, que me
ayudaría a pasar otro año de trabajo sentado en mi escritorio.
El conocía ese fondo como la cuadra de su casa así que muy
pocas cosas lo interesaban, para mi cada cosa que veía me detenía a observar la
con sumo interés, lo que hacía que nos distanciáramos un poco más, cosa no muy
buena en el buceo ya que hay que tratar de estar juntos por cualquier problema
que alguno de los dos pueda tener.
Pero su experiencia y
el conocimiento de saber como yo me comportaba debajo del agua, hacían
que cada uno hiciera la suya sin mayores problema, de todas formas no me
perdía de vista nunca.
Yo nadaba a unos 60 cm del fondo para no levantar mucho
sedimento con las patas de rana y arruinar la visibilidad que era de
aproximadamente 7 metros, desde esa altura podía contemplar todo lo que había y
si algo realmente me interesaba descendía un poco más y lo agarraba.
De repente entre unas bolsas de polietileno, infaltable en
cualquier fondo marino, como las latas de cerveza, vi algo plateado que me llamo
mucho la atención, descendí y con la mano derecha sin levantar mucho sedimento aparte todo lo que rodeaba.
Mientras más limpiaba más se extendía y al cabo de unos segundos pude comprobar que
se trataba de un paquete cerrado al vacío con papel de aluminio y protegido con
un film de polietileno bastante
grueso de unos 25 x 10 centímetros y
otros de 10 cm de alto.
Inmediatamente levante la cabeza y vi que Mariano estaba a
unos 9 metros de distancia por lo cual lo veía medio turbio, ya que como dije
anteriormente la visibilidad ese día era de solo 7 metros.
Dentro de las mil cosas que pensé en ese momento, las que más
sonaban en mi cabeza, eran plata o droga. Intuitivamente lo agarre y me lo metí
en el bolsillo del chaleco compensador que llevamos para regular la flotabilidad, ya
que esta variaba en el transcurso del buceo por diversos factores, el consumo
de aire que hacía que se fuera vaciando el tanque y flote mas, la profundidad a
la que buceábamos , la amplitud de las respiraciones, etc., etc., etc.
Antes de existir estos chalecos nos tirábamos al agua sobre
lastrados para llegar al fondo y así todas las burbujas de aire del traje de neopreno se inundaban de
agua y lográbamos adquirir más peso corporal,
entonces nos sacábamos un plomo del cinturón de dos kilos y los sujetábamos al
cabo del fondeo de la embarcación con la
que habíamos ido a bucear con eso
lográbamos una mejor flotabilidad. Hoy con estos chalecos todo era mucho más sencillo.
Seguí buceando como si nada, mientras trataba de ordenas mis
ideas y decidir qué hacer al respecto con dicho paquete, con la mano izquierda lo iba tocando tratando
de palpar el contenido del mismo, pero sin lograr ningún resultado positivo.
El contenido era muy duro, pero eso también podía deberse a
la profundidad, estábamos a 22 metros a ese nivel los volúmenes se reducían en un 25
% del tamaño real, o se compactaban considerablemente, ya que cada 10 metros
que descendemos los volúmenes se reducen a la mitad.
Mientras pensaba una y mil cosas apareció Mariano muy apurado y me indico que debíamos salir ya mismo, ahí
pensé que a lo mejor el había encontrado mas paquetes y que la cosa era
complicada, por lo que lo mejor era
salir y hacer como que no habíamos visto nada.
Entonces pensé, lo tiro y listo, pero el no se me despego en ningún momento de mi
lado, cosa que imposibilito mi intento de deshacerme de mi carga misteriosa.
Llegamos a la
superficie y lo que vi me alivio dentro
de la preocupación que me causo su apuro en salir. Nosotros habíamos ingresado
al agua hacia aproximadamente 40 minutos por una escalera metálica que está
incorporada al muelle y tenía una
plataforma al final llegaba en ese momento
al nivel del mar, así que el ingreso al agua fue muy sencillo.
Que pasaba, en esas latitudes las mareas son muy amplias,
por lo menos 5 metros de altura y estaba
en bajamar, así que el piso de la escalara que estaba al ras del agua, ahora
estaba a un metro y medio de la superficie. Por suerte dentro de la
complicación que causaba la marejada, hacia que el oleaje nos elevara ese metro
y medio que habíamos perdido mientras buceábamos, esa era la preocupación de Mariano en salir
inmediatamente del agua, y que no llegáramos
a la escalera y tuviéramos que nadar hasta la orilla, que quedaba a 500 metros.
Se quedó detrás de mí esperando que saliera yo primero, y
aguardando que una ola me arrime al borde de la plataforma de la
escalera, necesite tres intentos hasta que lo
logre.
Los movimientos con los 10 kilos de plomo, las patas de rana
colocadas, los 15 kilos del tanque de aire y el traje de neoprene, que en la
superficie ajusta mucho más que a profundidad, hacen que para los buzos nos sea
bastante difícil movernos fuera del agua, pero así y todo subí la escalera y llegue a la superficie sin sacarme ni siquiera
las patas de rana.
Mariano con la destreza de un lobo marino, trepo por la
escalera como tremenda facilidad cosa que me hiso admirarlo una vez más, a
pesar de su edad, quince años más que
yo.
Ya en el muelle me levante la luneta, para hablar algo con él y comprobar si me
había visto guardar el paquete en mi chaleco, pero no lo llegue a hacer, cuando levante la vista vi a dos hombre de
traje oscuro y lentes ahumados, uno saliendo de un auto grande con vidrios
polarizados y dirigiéndose hacia nosotros con mucha decisión.
Cagamos, pensé, o cague yo, ya que seguramente Mariano desconocía lo que había hecho, así que
el empezó a sacarse el tanque las patas y el cinturón de plomo o sea a
desvestirse sin importarle los hombres de traje que venían hacia nosotros.
Yo me arrime nuevamente al borde del muelle y mire el agua,
calcule unos 15 metros de altura, pero no me importaba, si el hombre que se me
aproximaba sacaba una placa de policía o un arma o algo que me indicara que
estaba en problemas, me tiraba al agua
nuevamente, dejaba el paquete en el fondo y asunto terminado.
A pesar de los siete milímetros del traje de neoprene podía
ver como mi corazón latía cada vez más
fuerte a medida que se aproximaba mi posible inquisidor.
Me puse la luneta,
aunque ya estaba empañada, pero no me importaba, abajo del agua me la sacaba y
la limpiaba, el tema era sacarme de encima el maldito paquete que en esos
momentos maldecía haberlo agarrado.
Pensaba, qué necesidad tenía, de meterme en semejante
kilombo, si era droga, que iba a hacer, a venderla, en mi vida había visto
droga y por lo que sabía no era un rubro como
para un novato, o un tipo decente,
además por el peso aproximadamente un kilo y medio el valor sería
bastante elevado, así que los que supuestamente la habían perdido estarían
buscándola intensamente.
En síntesis estaba en
medio de un gran lio y bastante pesado
por cierto. Estos tipos serían los dueños del paquete, o los encargados de
controlar a todos los buzos que salían de esa zona del muelle para que ninguno
se lo lleve ?
El hombre siguió avanzando mientras el otro ya se había
bajado del auto acomodándose los lentes
oscuros y metiendo la mano dentro de su
saco como buscando algo que ni me animaba pensar.
El otro ya a escasos 3 metros míos, no bajaba la mirada y se dirija directamente
hacia mí, ya no era adrenalina, estaba por entran en pánico, fue entonces cuando decidí tirarme nuevamente al
agua y cumplir con el plan de emergencia
que había elaborado para salir de esa situación.
Lo único que tenía
que tener en cuenta en ese momento, era
nada más que mantener la cabeza lo más inclinada hacia adelante posible, para no rompérmela contra toda la grifería de la primera etapa del regulador, con
una mano agarrar mi cinturón de plomos y con la otra la luneta para no perderla
en el impacto con el agua, la verdad
nunca me había tirado de tanta altura pero la circunstancia así lo requería.
Di un paso y
antes de dar el siguiente, escucho una
voz que le dice a Mariano.
--Atorrante seguís todavía seguís currando a las pesqueras con ese verso del buceo, vos si que la ganas fácil
ehhh ?
A lo que Mariano le contesta
--Callate y vos que haces rata de muelle, disfrazado de traje y corbata, pero si ni
cuando te casaste te vestiste asi , jajajaja
!!!
Yo trague saliva y se me aflojaron un poco las piernas por la tensión, casi me caigo al agua, ya que el desenlace de la situación no lo esperada, pero en el puerto, era común hacerse esas
bromas pesadas.
Era un amigo de Mariano que estaba de custodia de una
empresa pesquera, que les había ido a
pagar los sueldos al muelle, para mi un tremendo pelotudo, pero la verdad que
si no hubiera sido por el famoso paquete, no me tendría que haber preocupado
tanto.
Entonces mientras ellos se quedaron hablando yo me senté en
el piso de muelle para reponerme mientras pensaba que hacer. Y si, lo tiro al agua y listo, pero me iban a ver y estos tipos que si bien no son policías, en el alma anhelan
serlo y la cosa se me podría complicar, así que
me empecé a sacar el equipo y lo fui guardando dentro de mi
amplio bolso de buceo preparado para guardar todo el equipo mojado.
En el fondo y primero que todo puse el chaleco con el tesoro
escondido en su interior, me subí al automientras Mariano terminaba de despedirse de su amigo.
--Te dejo en tu casa Mariano, o vamos a almorzar juntos ?
--No mira tengo que ir a llevar unas facturas a una empresa
y están hasta las trece horas, así que no llego, te quería pedir el auto
prestado para hacer más rápido, te dejo en tu casa y después te lo traigo, así
podes almorzar con tu familia.
Se me acababa de arruinar el plan de inspeccionar el paquete
a solas en el baúl del auto antes de llegar a
casa.
--Bueno dale, hagamos asi.
Me dejo en la puerta con mi bolso y todas mis intrigas y se
fue.
En eso, salió mi hijo a recibirme contento y ansioso de que
le cuente que nueva aventura había vivido abajo del agua, el pobre ni imaginaba que el imbécil de su padre se había metido en
algo gordo y no encontraba la forma de salir.
Para rematarla, mi esposa me atajo antes de entrar a la
casa.
--No te vas una corrida hasta la panadería, sabes que me
olvide de comprar el pan y no quiero que se me queme la tortilla que estoy
haciendo , dame el bolso que te lo entro.
Ya totalmente entregado y aceptando que nada de lo que planeara lo iba a poder
concretar, me dirigí a la panadería que estaba a dos cuadras, que me parecieron
dos kilómetros, es más cuando salí de la
misma con la bolsa de pan en la mano, me
senté en la vereda a pensar que hacer.
Ahora el paquete estaba en mi casa, mezclado con mi familia,
así que lo que antes suponía un problema
ya no encontraba adjetivos para calificarlos, ni reproches suficientes en mi contra y mi imbécil actitud.
Entonces me levante decidido a entrar a la casa agarrar el paquete y tirarlo en el primer
volquete de residuos que encontrara sin
dar ninguna explicación a nadie y terminar de una vez por todas con todo este tema.
Al llegar a mi casa me recibe mi señora de lo más sonriente
y me dice.
--Che qué bueno el matambre que trajiste, quien te lo dio?
--E… el matambre……. q …que matambre ?
--Es que en
agradecimiento que fuiste a comprar el pan y como tardabas, te saque todo el equipo mojado del bolso para colgártelo en la soga y que no tome olor feo fue cuando encontré este matambre adentro del
chaleco compensador, de donde lo sacaste?
Yo no lo podía creer
!!!
Seguramente era parte de la comida de alguna tripulación,
que había cargado víveres en el muelle para salir a pescar durante varios días y se
les había caído al agua, como tantas otras cosas que encontramos basureando.
La fecha de elaboración era de una semana antes de mi
hallazgo, así que el frio del mar 18°C lo había mantenido en condiciones de ser
consumido.
--Si, lo encontré en el fondo.
Ya tranquilo y rodeado de mi familia, corte el matambre con
el preparamos una muy rica entrada.