domingo, 24 de marzo de 2013

El Paquete


Era una mañana soleada en la ciudad Chubutense de Pto. Madryn  y como cada día me asomaba apresurado  a ver el mar, y comprobar si el clima me permitiría practicar mi deporte favorito, el buceo.
El mar no estaba planchado, pero tampoco muy picado,  había un viento de aproximadamente 30 km por hora que para los locales, es  solo una brisa.
Me despedí de mi esposa y mis hijos hasta el mediodía y me subí al auto en busca de mi amigo Mariano,  nativo del lugar, que ejerce mi deporte favorito como trabajo profesional desde muy joven.
Es así como cada mañana lo acompaño y lo miro trabajar, suena raro no, pero si lo extrapolamos seria como si Picasso te dijera, voy a pintar un cuadro mientras me vas abriendo los pomos de oleo, o si Vilas va a entrenar y te dice, dale acompáñame y en los intervalos nos tomamos unos mates !!! Realmente me sentía un privilegiado.
Para mi, verlo trabajar bajo el agua era toda una fascinación y cada día descubría un nuevo mundo no solo submarino sino también el de los buques de pesca, el del puerto y su gente, en síntesis  el del mar por encima  y por debajo de su nivel.
Mariano me estaba esperando como siempre con algún dicho gauchesco  pero marítimo.
--“Vamos a ver si aguantas la calor con saco”, tengo que ir a limpiar unas rejillas de un barco que esta  amarrado en el Muelle Piedrabuena,( mas conocido como el muelle de Aluar), que sí, o si tiene que salir hoy a la tarde,  está un poco movida la superficie pero no está imposible,  después  (como premio para mi por acompañarlo pensaba yo) nos quedamos a basurear un rato en el muelle, te animas ?
Yo nunca le decía que no,  ya que el vivia casi abajo del agua así que confiaba plenamente en el y en su experiencia de tantos años.
Basurear le llamaba a recorrer los muelles,  y buscar entre las cosas que se les caen a los buques que están amarrados a dicho muelle, cargando víveres para sus tripulantes.
Se pueden encontrar, palas ( con las que cargan el hielo en los barcos factoría), celulares, botas de goma, pocillos de café, picos de mangueras, guantes  de hilo tejidos, a montones y de color amarillo, y muchas cosas más que son irrecuperables para los damnificados, ya que una vez que tocan la superficie del agua se van al fondo y  por el agua misma o por la profundidad , aproximadamente 20 metros (3 atmosferas de presión) todo se destruía, y se transformaba en nuestro futuro tesoro marítimo.
Como siempre Mariano iba a delante mío y cada tanto  sin darse vuelta, agachaba su cabeza entre las piernas y miraba para atrás, para ver donde andaba , esa era una maniobra muy suya que a ningún otro buzo se la vi hacer.
Ya había terminado su trabajo de  limpiar la rejilla de entrada de agua del buque, mi tarea consistió en esta ocasión,  en  sostenerle  los tornillos que iba sacando,  mientras  me golpeaba la cabeza contra el casco del barco,  debido a la marejada, una y otra vez.
El  me miraba y se reía,  disfrutaba de ese momento,  ya que después fuera del agua iba a aprovechar  para decirme , cosas como “Sos un buzo de pileta “.
Por suerte llevaba  puesto el casco de neoprene que me  amortiguaba los golpes, pero igual los sentía. Es que no era fácil estar bajo el agua a 15 metros de profundidad  bajo el caso de un barco, era como bucear debajo de un gran techo de chapa.
Mantener la flotabilidad perfecta en medio de esa marejada,  y sin golpearse no era sencillo, pero igual para mi era la gloria con golpes y todo, una experiencia inigualable, que me ayudaría a pasar otro año de trabajo sentado en mi escritorio.
El conocía ese fondo como la cuadra de su casa así que muy pocas cosas lo interesaban, para mi cada cosa que veía me detenía a observar la con sumo interés, lo que hacía que nos distanciáramos un poco más, cosa no muy buena en el buceo ya que hay que tratar de estar juntos por cualquier problema que alguno de los dos pueda  tener.
Pero su experiencia y  el conocimiento de saber como yo me comportaba debajo del agua, hacían que cada uno hiciera la suya sin mayores problema, de todas formas no me perdía  de vista nunca.
Yo nadaba a unos 60 cm del fondo para no levantar mucho sedimento con las patas de rana y arruinar la visibilidad que era de aproximadamente 7 metros, desde esa altura podía contemplar todo lo que había y si algo realmente me interesaba descendía un poco más y lo agarraba.
De repente entre unas bolsas de polietileno, infaltable en cualquier fondo marino, como las latas de cerveza, vi algo plateado que me llamo mucho la atención, descendí y con la mano derecha  sin levantar mucho sedimento  aparte todo lo que rodeaba.
Mientras más limpiaba más se extendía y  al cabo de unos segundos pude comprobar que se trataba de un paquete cerrado al vacío con papel de aluminio y protegido con un  film de polietileno bastante grueso  de unos 25 x 10 centímetros y otros de 10 cm de alto.
Inmediatamente levante la cabeza y vi que Mariano estaba a unos 9 metros de distancia por lo cual lo veía medio turbio, ya que como dije anteriormente la visibilidad ese día era de solo 7 metros.
Dentro de las mil cosas que pensé en ese momento, las que más sonaban en mi cabeza, eran plata o droga. Intuitivamente lo agarre y me lo metí en el bolsillo del chaleco compensador  que llevamos para regular la flotabilidad, ya que esta variaba en el transcurso del buceo por diversos factores, el consumo de aire que hacía que se fuera vaciando el tanque y flote mas, la profundidad a la que buceábamos , la amplitud de las respiraciones, etc., etc., etc.
 Antes de existir  estos chalecos nos tirábamos al agua sobre lastrados para llegar al fondo y así todas las burbujas de  aire del traje de neopreno se inundaban de agua y  lográbamos adquirir más peso corporal, entonces nos sacábamos un plomo del cinturón de dos kilos y los sujetábamos al cabo del fondeo  de la embarcación con la que habíamos ido a bucear  con eso lográbamos una mejor flotabilidad. Hoy con estos chalecos  todo era mucho más sencillo.
Seguí buceando como si nada, mientras trataba de ordenas mis ideas y decidir qué hacer al respecto con dicho paquete,  con la mano izquierda lo iba tocando tratando de palpar el contenido del mismo, pero sin lograr ningún resultado positivo.
El contenido era muy duro, pero eso también podía deberse a la profundidad, estábamos  a 22 metros  a ese nivel los volúmenes se reducían en un 25 % del tamaño real, o se compactaban considerablemente, ya que cada 10 metros que descendemos los volúmenes se reducen a la mitad.
Mientras pensaba una y mil cosas  apareció Mariano muy apurado  y me indico que debíamos salir ya mismo, ahí pensé que a lo mejor el había encontrado mas paquetes y que la cosa era complicada,  por lo que lo mejor era salir y hacer como que no habíamos visto nada.
Entonces pensé, lo tiro y listo, pero el  no se me despego en ningún momento de mi lado, cosa que imposibilito mi intento de deshacerme de mi carga misteriosa.
 Llegamos a la superficie y lo que vi me alivio  dentro de la preocupación que me causo su apuro en salir. Nosotros habíamos ingresado al agua hacia aproximadamente 40 minutos por una escalera metálica que está incorporada  al muelle y tenía una plataforma  al final llegaba en ese momento al nivel del mar, así que el ingreso al agua fue muy sencillo.
Que pasaba, en esas latitudes las mareas son muy amplias, por lo menos 5 metros de altura  y estaba en bajamar, así que el piso de la escalara que estaba al ras del agua, ahora estaba a un metro y medio de la superficie. Por suerte dentro de la complicación que causaba la marejada, hacia que el oleaje nos elevara ese metro y medio que habíamos perdido mientras buceábamos,   esa era la preocupación de Mariano en salir inmediatamente del agua,  y que no llegáramos a la escalera y tuviéramos que nadar hasta la orilla, que quedaba a 500 metros.
Se quedó detrás de mí esperando que saliera yo primero,  y  aguardando que una ola me arrime al borde de la plataforma de la escalera, necesite tres intentos hasta que lo  logre.
Los movimientos con los 10 kilos de plomo, las patas de rana colocadas, los 15 kilos del tanque de aire y el traje de neoprene, que en la superficie ajusta mucho más que a profundidad, hacen que para los buzos nos sea bastante difícil movernos fuera del agua, pero así y todo subí la escalera y  llegue a la superficie sin sacarme ni siquiera las patas de rana.
Mariano con la destreza de un lobo marino, trepo por la escalera como tremenda facilidad cosa que me hiso admirarlo una vez más, a pesar de su edad,  quince años más que yo.
Ya en el muelle me levante la luneta,  para hablar algo con él y comprobar si me había visto guardar el paquete en mi chaleco, pero  no lo llegue a hacer,  cuando levante la vista vi a dos hombre de traje oscuro y lentes ahumados, uno saliendo de un auto grande con vidrios polarizados y dirigiéndose hacia nosotros con mucha decisión.
Cagamos, pensé, o cague yo, ya que seguramente  Mariano desconocía lo que había hecho, así que el empezó a sacarse el tanque las patas y el cinturón de plomo o sea a desvestirse sin importarle los hombres de traje que  venían hacia nosotros.
Yo me arrime nuevamente al borde del muelle y mire el agua, calcule unos 15 metros de altura, pero no me importaba, si el hombre que se me aproximaba sacaba una placa de policía o un arma o algo que me indicara que estaba en problemas,  me tiraba al agua nuevamente, dejaba el paquete en el fondo y asunto terminado.
A pesar de los siete milímetros del traje de neoprene podía ver como  mi corazón latía cada vez más fuerte a medida que se aproximaba mi posible inquisidor.
 Me puse la luneta, aunque  ya estaba empañada, pero  no me importaba, abajo del agua me la sacaba y la limpiaba, el tema era sacarme de encima el maldito paquete que en esos momentos maldecía haberlo agarrado.
Pensaba, qué necesidad tenía, de meterme en semejante kilombo, si era droga, que iba a hacer, a venderla, en mi vida había visto droga y por lo que sabía no era un rubro como  para un novato, o un tipo decente,  además por el peso aproximadamente un kilo y medio el valor sería bastante elevado, así que los que supuestamente la habían perdido estarían buscándola intensamente.
En síntesis  estaba en medio de un gran lio y  bastante pesado por cierto. Estos tipos serían los dueños del paquete, o los encargados de controlar a todos los buzos que salían de esa zona del muelle para que ninguno se lo lleve ?
El hombre siguió avanzando mientras el otro ya se había bajado del auto  acomodándose los lentes oscuros  y metiendo la mano dentro de su saco como buscando algo que ni me animaba pensar.
El otro ya a escasos 3 metros míos,  no bajaba la mirada y se dirija directamente hacia mí, ya no era adrenalina, estaba por entran en pánico, fue  entonces cuando decidí tirarme nuevamente al agua  y cumplir con el plan de emergencia que había elaborado para salir de esa situación.
 Lo único que tenía que tener en cuenta en ese momento, era  nada más que mantener la cabeza lo más inclinada hacia adelante posible,  para no rompérmela contra  toda la  grifería de la primera etapa del regulador, con una mano agarrar mi cinturón de plomos y con la otra la luneta para no perderla en el impacto con el agua,  la verdad nunca me había tirado de tanta altura pero la circunstancia así lo requería.
 Di un paso y antes  de dar el siguiente, escucho una voz que le dice a Mariano.
--Atorrante seguís todavía seguís currando a las pesqueras  con ese verso del buceo, vos si que la ganas fácil  ehhh ?
A lo que Mariano le contesta
--Callate y vos que haces rata de muelle,  disfrazado de traje y corbata, pero si ni cuando te casaste te vestiste asi ,  jajajaja !!!
Yo trague saliva y se me aflojaron  un poco las piernas por la tensión,  casi me caigo al agua, ya que el desenlace  de la situación no lo  esperada,  pero en el puerto, era común hacerse esas bromas pesadas.
Era un amigo de Mariano que estaba de custodia de una empresa pesquera,   que les había ido a pagar los sueldos al muelle, para mi un tremendo pelotudo, pero la verdad que si no hubiera sido por el famoso paquete, no me tendría que haber preocupado tanto.
Entonces mientras ellos se quedaron hablando yo me senté en el piso de muelle para reponerme mientras pensaba que hacer.  Y si, lo tiro al agua y listo, pero me iban  a ver y estos tipos que  si bien no son policías, en el alma anhelan serlo y la cosa se me podría complicar, así que  me empecé a  sacar  el equipo y lo fui guardando dentro de mi amplio bolso de buceo preparado para guardar todo el equipo mojado.
En el fondo y primero que todo puse el chaleco con el tesoro escondido en su interior, me subí al automientras  Mariano terminaba de despedirse de su amigo.
--Te dejo en tu casa Mariano, o vamos a almorzar juntos ?
--No mira tengo que ir a llevar unas facturas a una empresa y están hasta las trece horas, así que no llego, te quería pedir el auto prestado para hacer más rápido, te dejo en tu casa y después te lo traigo, así podes almorzar con tu familia.
Se me acababa de arruinar el plan de inspeccionar el paquete a solas en el baúl del auto antes de llegar a  casa.
--Bueno dale, hagamos asi.
Me dejo en la puerta con mi bolso y todas mis intrigas y se fue.
En eso, salió mi hijo a recibirme contento y ansioso de que le cuente que nueva aventura había vivido abajo del agua, el pobre ni imaginaba  que el imbécil de su padre se había metido en algo gordo y no encontraba la forma de salir.
Para rematarla, mi esposa me atajo antes de entrar a la casa.
--No te vas una corrida hasta la panadería, sabes que me olvide de comprar el pan y no quiero que se me queme la tortilla que estoy haciendo , dame el bolso que te lo entro.

Ya totalmente entregado y aceptando que  nada de lo que planeara lo iba a poder concretar, me dirigí a la panadería que estaba a dos cuadras, que me parecieron dos kilómetros, es más cuando salí  de la misma con la bolsa de pan en la mano,  me senté en la vereda a pensar que hacer.
Ahora el paquete estaba en mi casa, mezclado con mi familia, así que  lo que antes suponía un problema ya no encontraba adjetivos para calificarlos, ni reproches suficientes  en mi contra y mi imbécil actitud.
Entonces me levante decidido a entrar  a la casa  agarrar el paquete y tirarlo en el primer volquete  de residuos que encontrara sin dar ninguna explicación a nadie y terminar de una vez  por todas con todo este tema.
Al llegar a mi casa me recibe mi señora de lo más sonriente y me dice.
--Che qué bueno el matambre que trajiste, quien te lo dio?
--E… el matambre……. q …que matambre ?
--Es que  en agradecimiento que fuiste a comprar el pan y como tardabas,  te saque  todo el equipo  mojado del bolso para colgártelo  en la soga y que no tome olor feo  fue cuando encontré este matambre adentro del chaleco compensador, de donde lo sacaste?
Yo no lo podía creer  !!!
Seguramente era parte de la comida de alguna tripulación, que había cargado víveres en el muelle para salir a pescar durante varios días  y  se les había caído al agua, como tantas otras cosas que encontramos basureando.
La fecha de elaboración era de una semana antes de mi hallazgo, así que el frio del mar 18°C  lo había mantenido en condiciones de ser consumido.
--Si, lo encontré en el fondo.
Ya tranquilo y rodeado de mi familia, corte el matambre con el preparamos una muy rica entrada.